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domingo, 26 de enero de 2014

Yo no me río de la muerte

Yo nunca me río de la muerte. Simplemente sucede que no tengo miedo de morir entre pájaros y arboles.
Yo no me río de la muerte. Pero a veces tengo sed y pido un poco de vida, a veces tengo sed y pregunto diariamente y como siempre sucede que no hallo respuestas sino una carcajada profunda y negra. Ya lo dije, nunca suelo reir de la muerte, pero sí conozco su blanco rostro, su tétrica vestimenta.
Yo no me río de la muerte. Sin embargo, conozco su blanca casa, conozco su blanca vestimenta, conozco su humedad y su silencio. Claro está, la muerte no me ha visitado todavía y uds. preguntarán ¿qué conoces? No conozco nada. Es cierto también eso. Empero, sé que al llegar ella yo estaré esperando, yo estaré esperando de pie o tal vez desayunando. La miraré blandamente (no se vaya a asustar) y como jamás he reído de su túnica, la acompañaré, solitario y solitario.
 
Javier Heraud, 1942-1963

sábado, 7 de septiembre de 2013

Yo no me río de la muerte

Yo nunca me río de la muerte. Simplemente sucede que no tengo miedo de morir entre pájaros y arboles.
Yo no me río de la muerte. Pero a veces tengo sed y pido un poco de vida, a veces tengo sed y pregunto diariamente, y como siempre sucede que no hallo respuestas sino una carcajada profunda y negra.
Ya lo dije, nunca suelo reir de la muerte, pero sí conozco su blanco rostro, su tétrica vestimenta.
Yo no me río de la muerte. Sin embargo, conozco su  blanca casa, conozco su blanca vestimenta, conozco su humedad y su silencio.
Claro está, la muerte no me ha visitado todavía, y ustedes preguntarán ¿qué conoces? No conozco nada. Es cierto también eso. Empero, sé que al llegar ella yo estaré esperando, yo estaré esperando de pie o tal vez desayunando. La miraré blandamente (no se vaya a asustar) y como jamás he reído de su túnica, la acompañaré, solitario y solitario.

Javier Heraud Perez

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Te recuerdo Amanda

Suenan las sirenas, de vuelta al trabajo,
muchos no volvieron, tampoco Manuel.
 
Te recuerdo Amanda...
 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Como tú

Yo, como tú, amo el amor, la vida, el dulce encanto de las cosas, el paisaje celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle y río por los ojos que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello, que la poesía es como el pan, de todos.
Y que mis venas no terminan en mí sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida, el amor, las cosas, el paisaje y el pan, la poesía de todos.

Roque Dalton García

sábado, 3 de agosto de 2013

Contar como cantarle al río, a la tierra o al cielo

No sé si tiene sentido pero me digo cada vez: contá la historia de la gente como si cantaras en medio de un camino, despojate de toda pretensión y cantá, simplemente cantá con todo tu corazón: que nadie recuerde tu nombre sino toda esa vieja y sencilla historia.

Haroldo Conti

miércoles, 20 de marzo de 2013

Como tú


 
Yo, como tú,
amo el amor, la vida,
el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido
el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan,
de todos.

Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor, las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
 
Roque Dalton

domingo, 10 de marzo de 2013

“Oh Gloria Inaccesible. Oh, júbilo inmortal”.

"Estoy atrapado bajo las gotas de esta lluvia desesperada, parado en algún lugar de tu ombligo, mientras la muerte con un sombrero verde me espera al otro lado de la calle."
 

Oscar Leonardo Salas Ángel, poeta y estudiante en Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana, de nacionalidad colombiana, muerto a los 20 años el 8 de marzo de 2006 en una manifestación contra el Tratado de Libre Comercio en la Universidad Nacional de Colombia durante la conmemoración por el Día Internacional de la Mujer. Su muerte se produjo en un enfrentamiento con el Escuadrón Móvil Antidisturbios, ESMAD.
"Porque el que murió peleando vive en cada compañero, por nuestros muertos ni un minuto de silencio, toda una vida de combate. ¿Hasta cuándo? Hasta siempre.". Así lo despidieron sus familiares y amigos.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Alta hora de la noche


Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendrá la muerte y el reposo.
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
será el tenue faro buscado por mi niebla.
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.
No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre,
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

Roque Dalton

domingo, 5 de agosto de 2012

Otto René Castillo (Nada es más invencible que la vida)

Para que los pasos no me lloren, canto.
Para tu rostro fronterizo del alma
que me ha nacido entre las manos:
canto.
Para decir que me has crecido clara
en los huesos amargos de la voz:
canto.
Para que nadie diga: tierra mía!,
con toda la decisión de la nostalgia:
canto.
Por lo que no debe morir, tu pueblo:
canto.


--------------------------------------------------------------

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.
Yo bajaré los abismos que me digas.
Yo beberé tus cálices amargos.
Yo me quedaré ciego para que tengas ojos.
Yo me quedaré sin voz para que tú cantes.
Yo he de morir para que tú no mueras,
para que emerja tu rostro flameando al horizonte
de cada flor que nazca de mis huesos.
Tiene que ser así, indiscutiblemente.
Ya me cansé de llevar tus lágrimas conmigo.
Ahora quiero caminar contigo, relampagueante.
Acompañarte en tu jornada,
porque soy un hombre del pueblo,
nacido en octubre para la faz del mundo.


Otto René Castillo (1936-1967), poeta guerrillero guatemalteco que compartía la militancia política con las actividades culturales. En 1965 es capturado y mandado al exilio, pero las organizaciones revolucionarias lo nombran representante de Guatemala en el Comité Organizador del Festival Mundial de la Juventud en Argelia. Recorre desde ese interín varios países socialistas de Europa y Cuba, donde permanece algunos meses.
En 1966 regresa clandestinamente a su país para incorporarse a las guerrillas de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) donde es nombrado responsable de Propaganda y de Educación del Frente Edgar Ibarra.
Herido en combate y capturado por las fuerzas antiguerrilleras del gobierno de Méndez Montenegro en la Sierra de las Minas junto con su mujer Nora Paiz, también combatiente, es conducido a la base militar de Zacapa donde después de torturado y mutilado es quemado vivo el 17 de marzo de 1967.

Dio a su pueblo su canto y su vida. ¿Qué más puede dar un poeta?

domingo, 24 de junio de 2012

Roberto Santoro, poeta y revolucionario

Hablar de Roberto J.Santoro no es una tarea fácil, es hablar del amigo que no está, pero que dejó una impronta inolvidable en medio de los difíciles días compartidos, porteño de barrio, poeta de alma y ser humano por vocación. Maestro, alumno, oído receptivo, siempre tenía una palabra de estímulo hacia lo que uno consideraba un fracaso. Repetía hasta el cansancio que un mal poema se corrige con otro mejor, con trabajo constante. Su no-presencia es dolorosa, constante e irrecuperable como los libros quemados de la biblioteca de Alejandría o los del Centro de Cultura Económica o los de la Biblioteca Vigil de Rosario. (Francisco A. Chiroleu - Poeta)

El 1 de junio de 1977 tres personas entraron a la Escuela Nacional de Educación Técnica 25, del barrio de Once, se identificaron como parientes de un alumno y preguntaron por Roberto Santoro. Sabían que el hombre al que buscaban, nacido en abril de 1939, además de preceptor era militante revolucionario del PRT-ERP , poeta, editor no convencional y que había denunciado los secuestros de los escritores Haroldo Conti y Alberto Costa. Al día de la fecha, engrosa la lista de detenidos desaparecidos.

“Hasta aquí los datos que poseo. El presidente, no obstante, habla de la libertad y de la democracia. Se liberan los precios. Hay cesantías en masa. Distribuyen una cartilla para prevenir actividades subversivas en las escuelas. El presidente dice que rechaza la prensa complaciente, la planta Ford de General Pacheco, que ocupa 4800 trabajadores, cierra por cinco semanas. EEUU acepta el plan del ministro de Economía, hombre ligado a los monopolios; los obispos hablan de paz y rezan, solo rezan. Lo cierto es que los compañeros siguen presos y es necesario que ustedes, a través de la Confederación de Escritores Latinoamericanos, nos den una mano, la de la solidaridad y a favor de la causa popular testimonien el atropello de las burguesías sobre el proletariado. Hermanos, discúlpenme la letra, no tengo máquina donde estoy. Compréndanme, compréndannos. De todas maneras somos optimistas. Esto recién ha comenzado. El presente es de lucha, el futuro es nuestro." (Junio de 1976)

Trabajos editados: Oficio desesperado (1962), El último tranvía (1963), De tango y los demás (1963), Nacimiento en la tierra (1964), Pedradas con mi Patria (1964), Desafío (1972), Uno más uno humanidad (1972), Cuatro canciones y un vuelo (1973), Poesía en general ( 1973), Las cosas claras (1973) y No negociable (1974).

“Roberto Santoro: Sangre grupo A, factor RH negativo, 34 años, una hija, 12 hs. diarias a la búsqueda absurda, castradora, inhumana, del sueldo que no alcanza. Dos empleos. Vivo en una pieza. Hijo de obreros, tengo conciencia de clase. Rechazo ser travesti del sistema, esa podrída máquina social que hace que un hombre deje ser un hombre, obligándolo a tener un despertador en el culo, in infarto en el cuore, una boleta de prode en la cabeza y un candado en la boca.” 

"Si se escapa esta rabia que llamamos esperanza, si un día se va, yo crucifico al amor y después de enterrar a mis hermanos, me voy con el tranvía de la muerte a clausurar mi corazón en una plaza."

domingo, 26 de junio de 2011

Despedida.

Me despido de este país.
Me despido de mis amigos,
de mis enemigos.
Amigos:
sólo quiero recordarles
que no dejen de ser mis amigos.
Sólo quiero recordarles
que no me olviden
a la marcha del tiempo,
a la marcha del tren
en que me vaya,
que borran las huellas de la
amistad lejana.

Marcelo Ariel Gelman Schubaroff (1956-1976).
Estudió en el Colegio Nacional Buenos Aires y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Era poeta y periodista independiente, como su padre el famoso poeta Juan Gelman. Secuestrado el 24 de agosto de 1976 junto a su esposa María Claudia García de 19 años, se habían casado en julio y María Claudia tenía 7 meses de embarazo. Marcelo siempre había estado interesado en la lucha por la justicia y había militado en distintos movimientos, pero ninguno lo había convencido. Aparentemente au nombre apareció en la agenda de una desaparecida que había pertenecido a la ERP. Fue trasladado al campo de detención Automotores Orletti (centro de operaciones clandestinas argentino-uruguayo del Plan Cóndor) y asesinado en ese mismo lugar dos meses después de un tiro en la nuca. Su cuerpo fue escondido dentro de un tambor de 200 litros relleno de cemento y arena. Sus restos fueron exhumados por el Equipo Argentino de Antropología Forense en 1989. No dejó libro de poesía editado.
María Claudia por su parte fue trasladada a Montevideo clandestinamente a mediados de octubre de 1976. Al momento del parto, fue llevada al Hospital Militar de las Fuerzas Armadas, donde dio a luz una niña. La pudo amamantar por unos días y luego se la sacaron. De allí a un centro clandestino del Ejército conocido como Valparaíso. donde su rastro se pierde.
La niña quedó en manos de un capitán de policía (ya fallecido) desde enero de 1977, quién la anotó como hija propia y la crió.
Luego de una intensa búsqueda de la niña en Argentina y Uruguay, se confirmó su identidad en el año 2000. La muchacha, María Macarena, se pudo entonces reencontrar con su familia nativa.

Estas visitas que nos hacemos,
vos desde la muerte, yo
cerca de ahí, es la infancia que pone
un dedo sobre el tiempo y dice
que desconocer la vida es un error.
Me pregunto por qué
al doblar una esquina cualquiera
encuentro tu candor sorprendido.
¿El horror es una música extrema?
Las penas llevan a tu calor
cantado en lo que soñaste,
las casas de humo donde vivía el fulgor.
De repente estás solo.
Huelo tu soledad de distancia
obediente a sus leyes de fierro.
El pensamiento insiste en traerte y devolverte
a lo que nunca fuiste.
Tu saliva está fría.
Pesás menos que mi deseo,
que la lengua apretada del aire.
 
Poema de Juan Gelman a Marcelo

lunes, 16 de mayo de 2011

Noche de los Poetas Asesinados

El 12 de agosto de 1952 en la Unión Soviética, el régimen de Josef Stalin llevó a cabo una cruel matanza dirigida hacia los máximos exponentes de la literatura judía. Esa noche 13 de los principales escritores, músicos y actores judíos fueron asesinados por órdenes del dictador, hecho que quedó en la historia como la “Noche de los Poetas Asesinados”.
Estos artistas habían formado parte del Comité Judío Anti-Fascista durante la Segunda Guerra Mundial. Todos fueron acusados de conspirar para crear un estado judío en Crimea desde donde los Estados Unidos, supuestamente, luego invadirían a la Unión Soviética.
Así, poco antes de morir en marzo de 1953, Stalin intentó, al igual que Hitler, anular la denominanda "expansión de la cultura yiddish" en el mundo.
Todos los acusados fueron brutalmente golpeados y torturados durante los interminables interrogatorios. Algunos no sobrevivieron. Posteriormente, se los obligó a firmar una confesión, lo cual hicieron, perdidos en el dolor, el hambre y las alucinaciones luego de estar días sin dormir.
El proceso judicial fue una parodia en la cual las sentencias ya estaban arregladas, apoyadas por insostenibles acusaciones de traición. Como bien declaró uno de los oficiales que presenció los interrogatorios, a esas personas se las acusó de ser judíos y no de ser criminales. No hubo abogados defensores ni jurado. Finalmente, las 13 víctimas fueron condenadas a muerte, hecho que se cumplió a escondidas en el sótano de la conocida prisión moscovita de Lubyanka, víctimas de la intolerancia del poder y traicionados por un régimen que no hacía mucho habían sabido defender y que los puso en la mira de un pelotón de fusilamiento.
Entre los más destacados se encontraban: Peretz Markish, David Bergelson, Itzik Fefer, Leib Kwitko, David Hofstein, Benjamin Zuskin, Solomon Lozovsky y Boris Shimeliovich.

jueves, 3 de marzo de 2011

Alfonso Hernandez - Confesiones de Tutuy.

Arte poética 
En cualquier pedazo de papel escribimos el poema.
En él plasmamos vida, vísceras, sueños.
Una piedra puede ser el poema,
un niño, una madre, un caído
con sus agujeros inundados de pólvora, una tumba.
O una calle con su caminante
lanzando su corazón más allá del amor.


No hay café
No hay café para inaugurar la infancia
pero en este día celebro
los nueve meses de mi pequeño
en el vientre de su madre.
En la tarde crepuscular
pasó una bandada de pericos
como emigrantes del cielo.
Espero que ellos lleven en sus alas
mi canción de cuna.


Alfonso Hernandez (Tutuy) nació en 1948 en San Vicente, El Salvador. De profesión periodista aparte de poeta social, publicó nueve libros entre poesías y ensayos entre 1974 y 1982. Primero militante y luego comandante guerrillero del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional fué asesinado y decapitado por una patrulla del ejército el 11 de noviembre de 1988.

viernes, 18 de febrero de 2011

Javier Heraud, Poeta del otoño.

Balada escénica sobre la revolución (1961 - Fragmento)
Porque mi patria es hermosa corno una espada en el aire,
y más grande ahora y aún más hermosa todavía,
yo hablo y la defiendo con mi vida.
No me importa lo que digan los traidores,
hemos cerrado el pasado con gruesas lágrimas de acero.
El cielo es nuestro, nuestro el pan de cada día,
hemos sembrado y cosechado y el trigo y la tierra son nuestros, 
y para siempre nos pertenecen  el mar, las montañas y los pájaros.


Poemas a Rodrigo Machado (1963 - Fragmento)
Me paro y pregunto ¿quién sufre? y responden: "Todos".
¿Qué esperamos?, pregunto, si ya los tiempos maduraron,
muchos murieron inútilmente (pero no sin causa)
muchos cadáveres están esperando su redención...
Ahora sí todo lo poseemos, somos fuertes y nobles,
los ríos serán nuestros y las aguas doradas de los mares,
nuestros serán el pan, el trigo, la espada y los campos asoleados.
Todo nos pertenece. A la alegría vamos.



Javier Heraud nacido en Miraflores, Lima, el 19 de enero de 1942. Poeta y guerrillero peruano, supo escribir versos que sembraron semilla, mientras esperaba cada noche que el otoño entrara por su habitación. Escribió también: "Triste Perú, dijimos que aún es tiempo de recuperar la primavera". Militante del Movimiento de Izquierda Revolucionario y miembro del Ejército de Liberación Nacional muere acribillado junto a otro compañero el 15 de mayo de 1963 en una emboscada a orillas del río Madre de Dios, de la que fueron partícipes y cómplices el ejército, la policía local, los terratenientes y los sacerdotes que los delataron.
Años antes había profetizado: "Yo nunca me río de la muerte. Simplemente no tengo miedo de morir entre los pájaros y los árboles.


Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas, voy bajando por las rocas duras, por el sendero dibujado por el viento... (Fragmento de El río)

miércoles, 12 de enero de 2011

La pura verdad.

Si ustedes lo permiten, prefiero seguir viviendo.
Después de todo y de pensarlo bien, no tengo motivos para quejarme o protestar, siempre he vivido en la gloria: nada importante me ha faltado.
Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor y miedo y apremio.
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.
Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe, melancólica, débil, poco interesante, un abanico de plumas que el viento desprecia, caminito que el tiempo ha borrado.
Los impulsos mordieron mi juventud y ahora,
sin darme cuenta, voy iniciando una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a cualquiera o aburrir de golpe.
Mis errores han sido olvidados definitivamente;
mi memoria ha muerto y se queja con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme, pero lo he derrotado para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos me recuerden con cariño o descubran mi zapatito y también vayan muriendo.
No descarto la posibilidad de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.
La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.
Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:
sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra; compartir este calor, esta fatalidad
que quieta no sirve y se corrompe. Puedo hablar y escuchar la luz y el color de la piel amada y enemiga y cercana.
Tocar el sueño y la impureza, nacer con cada temblor gastado en la huida. Tropiezos heridos de muerte; esperanza y dolor y cansancio y ganas. Estar hablando, sostener esta victoria,
este puño; saludar, despedirme
Sin jactancias puedo decir que la vida es lo mejor que conozco.

Francisco "Paco" Urondo.
Escritor y periodista argentino, nacido en 1930, fue director general de cultura de la provincia de Santa Fé y director del departamento de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Militó en Montoneros y fué acribillado en Mendoza en 1976 en una emboscada preparada por una fuerza conjunta entre la policía y el ejército.
"Empuñé un arma porque busco la palabra justa"

domingo, 2 de enero de 2011

A mi hermano Haroldo.

Escuchamos el ruido del motor creciendo desde lejos. Estábamos en el muelle, de pie, esperando. Haroldo balanceaba el farol con un brazo; con el otro envolvía a Marta, que temblaba de frío. El faro buscahuellas atravesò la neblina y nos encontró. Saltamos a la lancha.
Remontamos un arroyo angosto, luego otro más ancho, y desenbocamos en el rìo. Me alcè en la popa. Haroldo se habìa parado a mi lado. Me hizo volverme y lo vi, un enorme sol de cobre estba invadiendo la boca del rìo. Haroldo conoce como pocos este mundo del delta. Sabe cuáles son los buenos lugares para pescar y cuáles los atajos y los rincones ignorados de las islas; conoce el pulso de las mareas y las vidas de cada pescador y cada bote, los secretos de la comarca y de la gente. Sabe andar por el delta como sabe viajar, cuando escribe, por los túneles del tiempo. Vagabundea por los arroyos o anda días y noches por el río abierto, a la ventura, buscando aquel navío fantasma en que navegó allá en la infancia o en los sueños; y mientras persigue lo que perdió va escuchando voces y contando historias a los hombres que se le parecen.
Triste, solo y manso, Haroldo vive al ritmo del río, que corre sin apuro. Cuando llega la violencia, le sube de a poco, como crece suavemente el agua, pero que se cuiden los hijos de puta: la corriente alzada arranca àrboles y casas: lo he vistoe mbestir y le conozco las furias.
¿Cuàntos naufragios sufriò mi hermano Haroldo, ademàs de aquel que le rompiò el barco contra las costas del Brasil? ¿Cuàntas veces creyò descubrir, en la bruma, la perdida nave azul? ¿Cuántas veces se reventò contra las rocas? ¿Para qué escribe mi hermano Haroldo si no es para salvarse y salvar lo que merece ser salvado?.
Los pescadores van y vienen por el Paranà. ¿Qué aventuras prometen o devuelven, hermano Haroldo, el rìo barroso y la alta mar? ¿Encontraràs lo que venìs persiguiendo, un mediodìa cualquiera, en el centro de las aguas o del cielo? ¿O has descubierto ya que tu navío imposible viaja por los caminos del jodido mundo? ¿Es dura la travesía hermano? ¿Andar duele? Al final del recorrido no està la etrenidad sino nosotos. No te detengas. No te vayas a caer, que te andamos precisando. El rìo se vuelca en la gran vertiente y moja y abraza las islas solitarias. Asì nos dan tus palabras agua y calorcito.
¿Está muerto? Quién sabe. Hoy hace una semana que lo arrancaron de su casa. Le vendaron los ojos y lo golpearon y se lo llevaron. Tenìan armas con silenciadores. Dejaron la casa vacía. Robaron todo, hasta las frazadas. Los diarios no publicaron una línea. Las radios no dijeron una palabra. El diario de hoy trae la lista completa de las victimas del terremoto de Udine, en Italia.
Hoy Marta me estrujò llorando, y me dijo: "Dame fuerzas". Ella estaba en la casa cuando ocurriò. Tambien a ella le habìan vendado los ojos. La dejaron despedirse y se quedó con un gusto a sangre en los labios.
Hoy hace una semana que se lo llevaron y yo ya no tengo còmo decirle que lo quiero y que nunca se lo dije por la vergüenza o la pereza que me daba.

Buenos Aires, 12 de mayo de 1976.

Eduardo Galeano - Extraído de "Haroldo Conti, Biografia de un cazador"

Haroldo Conti, además de escritor fue seminarista, vendedor, maestro rural, profesor de latín, piloto civil, empleado bancario, navegante y guionista de cine, entre otras ocupaciones.
Quien también fuera colaborador de la revista “Crisis” no tuvo un final feliz. El 5 de mayo de 1976 su secuestro fue llevado a cabo en el marco de la dictadura militar argentina por un Grupo de Tareas del Batallón 601 de inteligencia del glorioso Ejército Argentino. Desde entonces continúa desaparecido. No hay registro de su paso por ningún centro de detención clandestino.
"Mis novelas -afirmó Haroldo una vez- son bastante testimoniales, aunque uno al decir testimonial piensa enseguida en el testimonio de un marco social o político. Yo doy el testimonio de un hombre, y a través de él enfoco el contorno; generalmente doy testimonios de soledades. Creo que tocando la soledad de un hombre, se toca la soledad de muchos o quizá de todos".
Hacia sus últimos años, Conti buscó su camino en una lucha política clara, abierta y definida; apoyó la Revolución Cubana, cuyo descubrimiento lo deslumbró, y la tarea del sindicalista Agustín Tosco y los frentes legales que adherían al Partido Revolucionario de los Trabajadores en la Argentina.
"Me reconozco en las pequeñas cosas y las pequeñas vidas sin residuo de historia. En el inmenso tejido de los acontecimientos, de los gestos y de las palabras de que está compuesto el destino de un grupo humano. Prefiero quedarme, a riesgo de perderme con ellos, con el gesto y la palabra y no con el resumen, el hito o la pauta. Y acaso parte del compromiso o de la tarea consiste en eso. En contar una historia de los hombres y no la Historia a sacas. Yo soy escritor nada más que cuando escribo. El resto del tiempo me pierdo en la gente. Pero el mundo está tan lleno de vida, de cosas y sucesos, que tarde o temprano vuelvo con un libro".

domingo, 26 de diciembre de 2010

Noticias (desde Argentina)

Luis Sabini se salvó. Pudo salir del país. Había desaparecido a fines del 75 y al mes ya supimos que lo habían metido preso. De Haroldo Conti no hay rastros. A Juan Gelman lo fueron a buscar a su casa de Buenos Aires. Como no estaba, se llevaron a los hijos. La hija apareció unos días después. Del hijo no se sabe nada. La policía dice que no lo tiene; los militares dicen que tampoco. Juan iba a ser abuelo. La nuera, embarazada, también desapareció. El Cacho Paoletti, que nos enviaba textos desde La Rioja, fue torturado y sigue preso. Otros escritores que publicaban en la revista: Paco Urondo acribillado, tiempo atrás, en Mendoza; Antonio Di Benedetto en la cárcel; Rodolfo Walsh desapareció. En vísperas de su propio secuestro, Rodolfo envió una carta denunciando que las Tres A son hoy las Tres Armas, "la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte" .


Eduardo Galeano - Días y noches de amor y guerra.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Ella se siente a veces...


Ella se siente a veces
como cosa olvidada
en el rincón oscuro de la casa,
como fruto devorado adentro
por los pájaros rapaces,
como sombra sin rostro y sin peso.
Su presencia es apenas
vibración leve en el aire inmóvil.
Siente que la traspasan las miradas
y que se vuelve niebla
entre los torpes brazos
que intentan circundarla.
Quisiera ser siquiera una naranja jugosa
en la mano de un niño -no corteza vacía-
una imagen que brilla en el espejo
-no sombra que se esfuma-
y una voz clara -no pesado silencio-
alguna vez escuchada.


Alaíde Foppa.
Poeta española nacida en 1914, adoptó la ciudadanía guatemalteca y por razones políticas debió exiliarse en México. De regreso a Guatemala, en 1980 fué detenida y desaparecida por la dictadura de Romeo García. Sus restos nunca fueron encontrados.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Los policías y los guardias (Fragmento)

Siempre vieron al pueblo
como un montón de espaldas que corrían para allá,
como un campo para dejar caer con odio los garrotes.
Siempre vieron al pueblo como el ojo de afinar la puntería
y entre el pueblo y el ojo, la mira de la pistola o la del fusil.
Un día ellos también fueron pueblo
pero con la excusa del hambre y del desempleo
aceptaron un arma, un garrote y un sueldo mensual
para defender a los hambreados y a los desempleadores.
Y entonces era de apretar el gatillo
y las balas iban de la orilla de los policías y los guardias
contra la orilla del pueblo, así iban siempre
de allá para acá y el pueblo caía desangrándose
semana tras semana, año tras año
quebrantado de huesos, lloraba por los ojos
de las mujeres y los niños, huía de espanto
dejaba de ser pueblo para ser tropel en guinda
desaparecía en forma de cada quién que se salvó
para su casa y luego nada más,
soló los bomberos lavaban la sangre de las calles.
Siempre vieron al pueblo
crispado en el cuarto de las torturas
colgado, apaleado, fracturado,
tumefacto, asfixiado, violado
pinchado con agujas en los oídos y los ojos
electrificado, ahogado en orines y mierda
escupido, arrastrado, echando espumitas de humo
sus últimos restos en el infierno de la cal viva.
El hecho es que los policías y los guardias
siempre vieron al pueblo de allá para áca
y las balas sólo caminanba de allá para acá.
Que lo piensen mucho
que ellos mismos decidan si es demasiado tarde
para buscar la orilla del pueblo y disparar desde allí
codo a codo junto a nosotros.
Que lo piensen mucho pero entre tanto
que no se muestren sorprendidos
ni mucho menos pongan cara de ofendidos
hoy que ya algunas balas
comienzan a llegarles desde este lado
donde sigue estando el mismo pueblo de siempre
sólo que a estas alturas ya viene de pecho
y trae cada vez más fusiles.

Roque Dalton
Poeta, ensayista y novelista nacido en San Salvador.
Fusilado el 10 de mayo de 1975 por sus propios compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), bajo la falsa acusación de ser espía de la C.I.A. y de la inteligencia cubana.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Epístola de San Pablo a los Mayas, Incas y Aztecas




Tendréis que esperar.
Errar en sombras.
Renacer en toscos cielos de jaspe y herrumbre.
Pero en el décimoquinto siglo
de nuestra era
caeremos sobre vosotros.
Vuestros templos de oro
atravesarán el mar.
Todo vigor será castrado.
Cada amanecer será pecado mortal.
Diezmaremos vuestro pueblo.
Los que se salven serán bautizados.


(Extraído de Visión de los Hijos del Mal)

Miguel Angel Bustos (1932 – 1976)
Escritor, dibujante y periodista de estremecedora lucidez y ternura. Entre 1960 y durantte tres años viajó por el norte del país, Brasil, Bolivia y Perú. De regreso, fue internado en el neuropsiquiátrico Borda, donde conoció al poeta Jacobo Fijman, ocupante durante veintitantos años de la cama número 13. Publicó cinco libros de poemas, de los cuales cuatro fueron ilustrados por él.
Militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores, fue secuestrado a fines de mayo 1976 por un grupo paramilitar, convirtiéndose así en una más de las víctimas de la última dictadura militar. No hay testimonio de su paso por ningún centro clandestino de detención.
En 1998 se editó una selección de poemas de su obra titulada Despedida de los ángeles,  realizada por la Editorial Libros de Tierra Firme.