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domingo, 7 de julio de 2013

de 26 personas para salvar el mundo

 
La guerra pasa como la lluvia. Al deslizarse quedan el aire mojado, ramas en el piso, rastros, la sensación de que el mundo estuvo por caerse, hace un rato nomas. La vida se dobló hasta casi romperse, pero volvió la calma. Aunque la tormenta nunca se va del todo: vuelve entre las sábanas, a la noche, en las pesadillas, o en los recuerdos casuales en el día. La muerte nunca es gratis. Cuando salen a pelear los que salen ya están muertos. No hay otro modo de hacerlo. Si salieran vivos tendrían miedo. Salen condenados y sobreviven por azar. Los que salen en esta historia son niños para el criterio del almanaque. Aunque quizás nunca lo hayan sido. Disparan un arma cuando pueden cargarla: tienen cuatro o seis años cuando sienten en el hombro la fuerza brutal del disparo por primera vez. Emmanuel Jal esta vivo, aunque debería estar muerto. Está en Londres aunque sus sueños siguen en Sudán.
 
Jorge Lanata
 
(Le debo este post y la imagen que la acompaña a Estela, mi mengana dulce y austral)

domingo, 14 de octubre de 2012

Muertos de amor


Abajo aquí sus huesos sus fusiles
ese atadito de hombre
no sé la tierra cómo hace que se aguanta
los que avanzan sobre ella son las mejores noticias
que nos llegan de ustedes
delen, muertos de amor
sostengan que nacemos.


Alberto Szpunberg, EGP

¿Realmente quieren saber lo que pasó? ¿A quién podría importarle lo que pasó? Hay algo dandy en las historias de perdedores; en estos tiempos en los que el éxito es una obligación moral, las historias de perdedores guardan la nobleza de las cosas usadas. Cuarenta años alcanzan para que hasta nosotros lo hayamos olvidado: las fechas se humedecen, y los detalles adquieren una importancia inusitada. Recuerdo que había ruido. Ruido todo el tiempo. Había tanto ruido… Cualquiera diría que la selva es un sitio silencioso: nada más equivocado, hay miles de pájaros, y grillos, y hojas, y bandadas que se levantan de pronto, como si salieran de una pesadilla, y oscurecen el cielo. Hasta las gotas de agua hacen ruido. El otro ruido insoportable es el de la respiración: a veces parecía poder escucharse a varios metros, la respiración, la saliva y los engranajes del cuello agarrotados. La Naturaleza no fue hecha para los hombres: lo único que se puede hacer en la selva es caminar. Caminar. Y esperar.


Por qué mierda me cuesta tanto ahora decir la palabra: Revolución. Si era eso lo que íbamos a hacer, una Revolución, la Revolución, revolucionar, revolucionarios, eso éramos, hombres de la Revolución. Tal vez sea eso lo que quieran: que les hable de la Revolución que no pudimos hacer.