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Mostrando entradas con la etiqueta Sabines. Mostrar todas las entradas
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domingo, 4 de mayo de 2014

La luna

La luna alegre - Escultura en barro de Alfredo Basulto Lemuz
La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es el mejor amuleto que la pata de conejo
sirve para encontrar a quien se ama
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.
 
Jaime Sabines

domingo, 8 de diciembre de 2013

Como para...

Te quiero como para invitarte a pisar hojas secas una de estas tardes. Te quiero como para salir a caminar, hablar del amor, mientras pateamos piedritas. Te quiero como para volvernos chinos de risa, ebrios de nada y pasear sin prisa las calles. Te quiero como para ir a los lugares que más frecuento, y contarte que es ahí donde me siento a pensar en ti. Te quiero como para escuchar tu risa toda la noche. Te quiero como para no dejarte ir jamás. Te quiero como se quiere a ciertos amores, a la antigua, con el alma y sin mirar atrás.

Jaime Sabines

domingo, 21 de julio de 2013

Lugar en que he vivido



Cosas que no conozco, que no he aprendido, 
contigo, ahora, aquí, las he aprendido. 
En ti creció mi corazón. 
En ti mi angustia se hizo. 
Amada, lugar en que descanso, 
silencio en que me aflijo. 
( Cuando miro tus ojos 
pienso en un hijo. ) 

Hay horas, horas, horas,

en que estás tan ausente 
que todo te lo digo.
Jaime Sabines

sábado, 30 de marzo de 2013

Cuando (la poesía)

 
La poesía ocurre como un accidente, un atropello, un enamoramiento, un crimen; ocurre diariamente, a solas, cuando el corazón del hombre se pone a pensar en la vida.

Jaime Sabines

domingo, 20 de mayo de 2012

Si sobrevives



Si sobrevives, si persistes, canta,
sueña, emborráchate.
Es el tiempo del frío: ama,
apresúrate.
El viento de las horas
barre las calles, los caminos.
Los árboles esperan: tú no esperes,
éste es el tiempo de vivir, el único.

Jaime Sabines

domingo, 22 de abril de 2012

A medianoche


A medianoche, a punto de terminar agosto, pienso con tristeza en las hojas que caen de los calendarios incesantemente. Me siento el árbol de los calendarios.

Cada día, hijo mío, que se va para siempre, me deja preguntándome: si es huérfano el que pierde un padre, si es viudo el que ha perdido la esposa, ¿cómo se llama el que pierde un hijo? ¿cómo el que pierde el tiempo? Y si yo mismo soy el tiempo, ¿cómo he de llamarme si me pierdo a mí mismo?
El día y la noche, no el lunes ni el martes, ni agosto ni septiembre; el día y la noche son la única medida de nuestra duración. Existir es durar, abrir los ojos y cerrarlos.
A estas horas, todas las noches, para siempre, yo soy el que ha perdido el día, aunque sienta que, igual que sube la fruta por las ramas del durazno, está subiendo en el corazón de estas horas, el amanecer.

Jaime Sabines.

domingo, 18 de marzo de 2012

Me dueles


Entre los escombros de mi alma búscame, escúchame.
En algún sitio mi voz sobreviviente llama, pide tu asombro, tu iluminado silencio.

Jaime Sabines

martes, 24 de enero de 2012

Sabines y el destino


Cuando escribo, lo único que sé es que sufro de dolor, de esperanza, de alegría; sé que estoy sufriendo y que necesito decirlo.
Mi necesidad de escribir es todo, pero nunca miedo.

La poesía es un destino. Algo que se hace fundamentalmente con palabras, con emociones, con sentimientos.


Jaime Sabines.

lunes, 19 de diciembre de 2011

A estas horas aquí

Habría que bailar ese danzón
que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.

No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz,
trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer o recordar,
o sentirme tufos de literato,
o esperar algo.

Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsillos, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es oscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.

Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato,
o le diría un cuento que no dijera nada,

pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme.

Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga

el techo de mi casa un rato.
La jaula que me cuente sus amores con el canario.
La pobre luna, a la que todavía le cantan los gitanos,
y la dulce luna de mi armario,
que me digan algo,
que me hablen en metáforas
como dicen que hablan,
este vino es amargo,
bajo la lengua tengo un escarabajo.

Qué bueno si se quedara mi cuarto
toda la noche solo, hecho un tonto, mirando.

Jaime Sabines.

viernes, 15 de julio de 2011

Poema - Fragmento



Quién eres tú? !Qué importa!
A pesar de ti misma,
hay en tus ojos una breve palabra:
enigmática.
No quiero saberla. Me gustas
mirándome de lado, escondida, asustada.
Así puedo pensar que huyes de algo,
de mí o de ti, de nada,
de esas tentaciones que dicen
que persiguen a la mujer casada.


Jaime Sabines