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domingo, 8 de diciembre de 2013

Julio - 1976

Yo creo que no se puede leer escuchando música porque eso supone un doble desprecio o un desprecio unilateral, o se desprecia la música o se desprecia lo que se está leyendo. La música es un arte tan absoluto, tan total como la literatura y el músico exige que se le escuche ""full time" lo mismo que cualquiera de nosotros cuando escribimos. Personalmente me apenaría, me decepcionaría enterarme de que alguien a quien estimo intelectualmente ha leído un libro de cuentos mío al mismo tiempo que estaba escuchando una fuga de Bach o una ópera de Brecht. En cambio puedo sí, leer mientras espero en un aeropuerto o a alguien en un café porque ésos son los vacíos, los tiempos huecos que uno no ha buscado por sí mismo sino que los horarios de la vida, digamos, te condenan de golpe a media hora de espera y entonces tener un libro en el bolsillo y concentrarse en él en ese momento por un lado anula el tiempo del reloj y por otro lado te crea una sensación de plenitud. 

Julio (Entrevista realizada por Sara Castro-Klaren en Francia)

martes, 3 de diciembre de 2013

Soledad dulce soledad

La literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y pese a todo el acto de lectura permite una comunicación profunda entre dos seres humanos.

Paul Auster

domingo, 27 de octubre de 2013

El HIelo - Fragmento

En las Bibliotecas. Allí siempre se sentaban miles de máquinas carnales dedicadas a la locura silenciosa de pasar hojas de papel cubiertas de letras. Aquellos volúmenes gordos y gastados que habían sido escritos por otras máquinas carnales que llevaban muertas años o siglos y cuyos retratos presidían los templos destinados a aquel mudo vano y ritual. Existían millones de libros. Los reproducían sin parar con la intención de mantener la demencia colectiva, logrando que millones de máquinas carnales se encorvasen piadosamente sobre las hojas de papel muerto. Después de la lectura se hacían todavía más muertas.

Vladimir Sorokin

lunes, 7 de octubre de 2013

Como una novela

El hombre construye casas porque está vivo, pero escribe libros porque se sabe mortal. Vive en grupos porque es gregario, pero lee porque se sabe solo. La lectura es una compañía que no ocupa el lugar de ninguna otra y a la que ninguna compañía distinta podría reemplazar. No le ofrece ninguna explicación definitiva sobre su destino, pero teje una retícula apretada de complicidades entre la vida y él. Ínfimas y secretas complicidades que hablan de la necesidad paradójica de vivir, al tiempo que iluminan el absurdo trágico de la vida, de modo que nuestras razones para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir.
Los pocos adultos que me dieron a leer se borraron siempre frente al libro y se abstuvieron de preguntarme lo que yo había entendido. A ellos, claro, yo les hablaba de mis lecturas. Vivos o muertos, les regalo estas páginas.

Daniel Pennac

domingo, 22 de septiembre de 2013

A esa extraña raza que lee

El libro bueno es el amigo que todo lo da y nada pide. El maestro generoso que no regatea su saber ni se cansa de repetir lo que sabe. El fiel transmisor de la prudencia y de la sabiduría antigua. El consuelo de las horas tristes. El que hace olvidar al preso su cárcel y al desterrado su nostalgia. El sedante de los grandes afanes, que va dondequiera que vayamos con nuestro dolor. El mentor de las grandes decisiones. El que ablanda el corazón en los momentos de dureza, o nos vigoriza cuando empezamos a flanquear. Y después de ser todo esto, tiene la soberana grandeza de no hipotecar nuestra gratitud. Una vez leído lo volvemos sencillamente al estante, o lo dejamos olvidado en el asiento de un tren. Es igual. No nos guardará rencor si no se lo hemos agradecido.

Gregorio Marañón

domingo, 18 de agosto de 2013

La eleganca del erizo

He leído tantos libros.... Sin embargo, como todos los autodidactas, nunca estoy seguro de lo que he comprendido de mis lecturas. Un buen día me parece abarcar con una sola mirada la totalidad del saber, como si invisibles ramificaciones nacieran de pronto y unieran entre sí todas mis lecturas dispersas; y, de repente, el sentido no se deja aprehender, lo esencial se me escapa y, por mucho que lea y relea las mismas líneas, las comprendo cada vez un poco menos, y me veo a mí mismo como a una viejo loco que piensa tener el estómago lleno sólo por haber leído con atención el menú.

Muriel Barbery

domingo, 28 de julio de 2013

Sueños y libros


Yo sueño con la penumbra de bibliotecas infinitas en las que millones de libros flotan a mi paso. Camino oscuro entre la tiniebla ansiosa persiguiendo una sombra de mujer de la que nada sé, solo que entre sus manos hay un libro (necesario, seductor y pavoroso) que me espera.

Carlos García
 

lunes, 29 de abril de 2013

 
Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas, y una voz cariñosa le susurró al oído: ¿Por qué lloras, si todo en ese libro es de mentira? Y él respondió: Lo sé pero lo que yo siento es de verdad.

Ángel González

domingo, 18 de noviembre de 2012

Gente corriente y palabras habituales



En el fondo, la literatura es el arte de descubrir lo extraordinario de la gente corriente y decir cosas extraordinarias con palabras habituales.

Boris Pasternak

domingo, 14 de octubre de 2012

Un mundo sin libros

Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros.

Borges

domingo, 30 de septiembre de 2012

de Kafka y los libros


Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un golpe en el cráneo, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hagan felices podríamos escribirlos nosotros mismos, si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a los bosques más remotos, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo.

Carta de Franz Kafka a Oskar Pollak, 1904

domingo, 23 de septiembre de 2012

Sostiene Pereira


La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías. La literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad.

Antonio Tabucchi.

Será por eso que los quiero tanto


Hay libros indispensables que nos obligan a poseerlos, a conservarlos para hojearlos de vez en cuando, tocarlos, apretarlos bajo el brazo. Libros de los que es imposible desprenderse porque contienen fragmentos del mapa del tesoro.

Jesús Marchamalo

A saber (y tal vez no en ese orden):
Historia universal de la infamia
El Aleph
Ficciones
Rayuela
Salvo el crepúsculo
Antes del fin
El juguete rabioso
Adán Buenosayres
Informe sobre la ceguera
Pedro Páramo
Moby Dick
Fahrenheit 451
Tokio Blues
El lobo estepario
Una temporada en el infierno
Música para camaleones
París era una fiesta

Son estos los libros. Te das cuenta porque el corazón late más rápido y no podés evitar EL suspiro. La lista sigue, claro está.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El discurso vacío - Fragmento

La gente incluso suele decirme: Ahí tiene un argumento para una de sus novelas, como si yo anduviera a la pesca de argumentos para novelas y no a la pesca de mí mismo. Si escribo es para recordar, para despertar el alma dormida, avivar el seso y descubrir sus caminos secretos; mis narraciones son en su mayoría trozos de la memoria del alma, y no invenciones.

Mario Levrero

lunes, 16 de julio de 2012

La llama

Leer es una llama. El libro que estoy leyendo me aguarda ahí, en la mesa, apagado. Al leerlo lo enciendo.
Si yo no lo encendiera, él no brillaría. Los libros no son películas: no arden en salas vacías, sin ojos espectadores. Los libros no son músicas: no suenan por error o por descuido, no se escuchan en radios que nadie oye, no hacen ruido de fondo. No son esculturas ni pinturas, tan quietas y abandonadas, tan ellas mismas pese a todo.
Los libros son luces apagadas. Mi libro me necesita para encenderse. Ahí está, cerrado y en apariencia inofensivo. Sólo en apariencia: deja que alguien lo lea y el libro arda, y verás cómo quema y cuánto alumbra. Y cuando así sucede, ni el agua ni el fuego logra extinguirlos: lo saben todos los tiranos. Apagar un libro consiste en no leerlo. Haz este experimento: déjalo a merced del viento, que el aire hojee sus páginas. ¿Qué sucede? Nada. No se enciende. No pide ser abierto sino leído.
Sólo nosotros podemos encenderlos. La llama que enciende todos los libros está en nuestros ojos. Vamos por ahí, tan tranquilos, nos despertamos y volvemos a acostarnos, contemplamos la tele o un rostro querido, un espejo o unas nubes, lo vemos todo sin encender nada, sólo los libros arden con la mirada. No sabemos cuántos libros encendemos al cabo del tiempo, cuántas páginas han ardido bajo nuestros ojos. Si te pones a pensar, no hay nada más extraño que leer. Vas leyendo y vas alumbrándote. Te gusta lo que lees, y te incendias.


José Carlos Somoza.

miércoles, 13 de junio de 2012

Si una noche de invierno un viajero


¿Qué importa el nombre del autor en la portada? Trasladémonos con el pensamiento a tres mil años de aquí. Quién sabe qué libros se habrán salvado de nuestra época, y de quién sabe qué autores se recordará aún el nombre. Habrá libros que seguirán siendo famosos, pero que serán considerados obras anónimas, como para nosotros la epopeya de Gilgamesh; habrá autores cuyo nombre será siempre famoso, pero de los que no quedará ninguna obra, como sucedió con Sócrates; o quizá todos los libros supervivientes se atribuirán a un único autor misterioso, como Homero.

Italo Calvino

domingo, 10 de junio de 2012

Borges y el destino de los hombres y los libros.


Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos.

domingo, 8 de abril de 2012

El libro según Borges

De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo. Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria.

Borges

(Retrato al óleo de Adriana Canizo)

domingo, 13 de noviembre de 2011

El poder de la pluma

No se puede leer de verdad un libro sin estar solo. Pero precisamente por esa soledad uno se relaciona de una manera más íntima con personas con las que quizá uno no se hubiera encontrado jamás, bien porque están muertas desde hace siglos o porque hablan idiomas que no entiendes. Y sin embargo se han convertido en tus más intimos amigos, en tus más sabios consejeros, en los magos que te hipnotizan, las amantes con las que siempre has soñado.


Antonio Muñoz Molina.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sobre los libros


Los libros son espejos: solo se ve en ellos lo que uno ya lleva adentro.


Carlos Ruiz Zafón.