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domingo, 15 de diciembre de 2013

Palabras

Torres de miedo - Xilografía
Enrique Pérsico - 2003
Afortunadamente hay palabras para todo. Afortunadamente existen algunas que no se olvidarán de recomendar que quien da debe dar con las dos manos para que ninguna de ellas se quede lo que a otros les pertenecería. Así como la bondad no tiene porqué avergonzarse de ser bondad, tampoco la justicia deberá olvidarse de que es, por encima de todo, restitución, restitución de derechos. Todos ellos, empezando por el derecho elemental de vivir dignamente. Si a mí me mandaran colocar por orden de precedencia la caridad, la justicia y la bondad, el primer lugar se lo daría a la bondad, el segundo a la justicia y el tercero a la caridad. Porque la bondad por si sola, ya dispensa la justicia y la caridad, la justicia justa ya contiene en si caridad suficiente. La caridad es lo que resta cuando no hay ni bondad ni justicia.

Saramago

domingo, 27 de octubre de 2013

Cuando uno ya no tiene fuerzas

La obra pertenece al Programa de Recuperación
y Estimulo del Patrimonio Artesanal Provincial
(P.R.E.P.A.P.) de la provincia de Santa Cruz.
Cuando uno ya no tiene fuerzas para escribir, tiene que recordar.Cuando uno ya no tiene fuerzas para fotografiar, tiene que ver con los ojos del alma.
Cuando uno ya no tiene fuerzas para leer, tiene que estar lleno de narraciones.
Cuando uno ya no tiene fuerzas para hablar, tiene que resonar.
Cuando uno ya no tiene fuerzas para andar, tiene que volar.
Y cuando llegue la hora, uno tiene que desprenderse de los recuerdos, de los ojos del alma, dejar de soñar, callarse y plegar las alas.
Pero pase lo que pase, sigue la narración, sigue...

Eeva Kilpi

lunes, 16 de septiembre de 2013

La majestad del compromiso

Sólo son verdaderas las palabras irreparables. El amor es precipitado. Por cada palabra de astucia, de paciencia o de temor, de incertidumbre o de cautela que manche a nuestra boca, un amante en su tumba se volverá de espaldas coronado de asco.

Ten respeto al descanso de los muertos. Comprométete o calla. Ven o vete.

Félix Grande

lunes, 12 de agosto de 2013

Una visión del mundo - Fragmento

Escribir bien, con pasión, con menos inhibiciones, ser más cálido, más autocrítico, reconocer el poder de la lujuria tanto como su fuerza, escribir, amar. (...) No disimular nada ni ocultar nada, escribir sobre las cosas más cercanas a nuestro dolor, a nuestra felicidad; escribir sobre mi torpeza sexual, el sufrimiento de Tántalo, la magnitud de mi desaliento, creo entreverlo en sueños, mi desesperación. Escribir sobre los necios sufrimientos de la angustia, la renovación de nuestras fuerzas cuando aquéllos pasan; escribir sobre la penosa búsqueda del yo, amenazado por un extraño en la oficina de correo, un rostro apenas entrevisto en la ventanilla de un tren; escribir sobre los continentes y las poblaciones de nuestros sueños, sobre el amor y la muerte, el bien y el mal, el fin del mundo...

John Cheever - Geometría del amor
(Mujer escribiendo - Pablo Picasso - 1934)

miércoles, 13 de marzo de 2013

Entre paréntesis


 
¿Entonces qué es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vacío, saber que la literatura básicamente es un oficio peligroso. Correr por el borde del precipicio: a un lado el abismo sin fondo y al otro lado las caras que uno quiere, las sonrientes caras que uno quiere, y los libros, y los amigos, y la comida. Y aceptar esa evidencia aunque a veces nos pese más que la losa que cubre los restos de todos los escritores muertos. La literatura como diría una folklórica andaluza, es un peligro.
 
Roberto Bolaño

domingo, 10 de febrero de 2013

Dinosaurios

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
(El dinosaurio, Augusto Monterroso)
 
Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.
(Otro dinosaurio, Eduardo Berti)
 
Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.
(El dinosaurio, Pablo Urbanyi)
 
Cuando despertó, el dinosaurio le dijo: "Buenos días". 
(El dinosaurio educado, Fabián Vique)
 
Cada soñador (¿o habría que decir durmiente?) tiene su dinosaurio, aunque lo común es que no lo encuentre al despertar. Soñadores impacientes despiertan siempre antes de que sus dinosaurios lleguen y dinosaurios impacientes se van antes de que sus soñadores despierten. Lo admirable del cuento de Monterroso consiste en presentar el único caso en el que el tiempo del soñador coincidió con la paciencia del dinosaurio y la impaciencia de un considerable número de lectores.
(Los dinosaurios, el dinosaurio, Raúl Brasca)

Y cuando despertó, el dinosaurio seguía allí. Rondaba tras la ventana tal y como sucedía en el sueño. Ya había arrasado con toda la ciudad, menos con la casa del hombre que recién despertaba entre maravillado y asustado. ¿Cómo podía esa enorme bestia destruir el hogar de su creador, de la persona que le había dado una existencia concreta? La criatura no estaba conforme con la realidad en la que estaba, prefería su hábitat natural: las películas, las láminas de enciclopedias, los museos... Prefería ese reino donde los demás contemplaban y él se dejaba estar, ser, soñar. Y cuando el dinosaurio despertó, el hombre ya no seguía allí.
(El dinosaurio, Marcelo Báez)

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
-Ah, es una delicia -me respondió- lo estoy leyendo.
(La culta dama, José de la Colina)

lunes, 26 de noviembre de 2012

¿Para qué las palabras?


Si hablaran mis manos...
¿para qué las palabras?
si hablaran mis ojos o mis oídos,
¿para qué las palabras?
¡para qué hablarte con palabras!
¡por qué crucificarte en vocablos!
si tengo mis ojos, mis oídos
y mis manos.
Si te hablara como los ciegos
si te oyera como los sordos
si te acariciara como los mancos
¡para qué las palabras!

Miguel E García Salguero - Errante Peregrino.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Rumor de sangre


Sólo me importan las palabras,
pero como manan con sangre las destilo
y de tanto callármelas me muero.

María Elena Walsh

Cada palabra es...


Decir luna o decir “espejo del tiempo” son dos hechos estéticos, salvo que la segunda es una obra de segundo grado, porque “espejo del tiempo” está hecha de dos unidades y “luna” nos da quizá aún más eficazmente la palabra, el concepto de la luna. Cada palabra es una obra poética.

Borges

lunes, 23 de julio de 2012

Literatura

Los pies praguenses donde vivió Franz Kafka, y sus corbatas negras y sus sombreros y sus zapatos.
El pelo enjuto de James Joyce, cuya mano quemó Dublín.
Los amantes de Luis Cernuda, riéndose a sus espaldas.
La esposa de Shakespeare, vieja y adúltera.
Los ojos verdes y estrábicos de la enfermera jefe de la clínica en que murió Nietzsche.
La mano de mujer que cogió los botines de piqué de Ramón Valle-Inclán y los arrojó por la ventana.
La sífilis saltarina que Gustavo Adolfo Bécquer paseó por Madrid.
La sífilis idéntica pero paseada por París de Charles Baudelaire.
El padrenuestro que reza el fantasma de Rimbaud en una morgue de Marsella y Dios que se hace el sordo. El padrenuestro que reza Jorge Manrique antes de soltar la mano de su padre muerto.
La risa de Quevedo mientras evacúa en una esquina de Madrid, en tanto rebota el mundo en su vesícula como una piedra verde.
La madre con gota de Flaubert.
La autopsia de Larra, su joven cerebelo.
La carne de la máscara de Fernando Pessoa.
La foto del padre de Dostoievsky en la billetera de Lenin.
La cabeza muy grande de Rubén Darío, tan grande como su miedo.
Las sopas de ajo que marea todas las noches el Manco de Lepanto con la mano buena mientras se mira con discreción la mano ausente.
Los cien kilos secos que Oscar Wilde exhibe por los cafetines de París con orgullo marchito.
La mano que aúlla de Pablo Neruda.
El cadáver de Cela servido con guarnición de ministros.
El gran desfile de la soledad de todos los tiempos, la soledad y sus palabras, la literatura.

Manuel Vilas - Resurrección

domingo, 22 de julio de 2012

Palabras

Hay palabras
que desangran y otras
que se mantienen en silencio,
otras de búsqueda y soledad
y algunas
–pájaros al viento-
dejan su huella.

Li Po
Los pájaros muertos - Pablo Picasso

La pregunta de sus ojos

El “pero” es la palabra más puta que conozco. “Te quiero, pero…”; “podría ser, pero…”; “no es grave, pero…”. ¿Se da cuenta? Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es.

Ernesto Sacheri

miércoles, 16 de mayo de 2012

Palabras

Hay palabras que suben como el humo
y otras que caen como la lluvia.

Marie de Rabutin-Chantal (Madame de Sevigné)

domingo, 1 de abril de 2012

La breve palabra

A veces el silencio es la palabra justa, la que enciende las luces, la que mejor se escucha, la que place o se sufre cargada de milenios, la que otorga hermosura, la flor del pensamiento.
En ese momento de la clara armonía, de la mejor tristeza, de la entera alegría. Es el gran fundamento que ronda a la grandeza: tu palabra y la mía habitan el silencio. Por eso la palabra debe ser pronunciada como una ceremonia con aire de campanas, una fiesta del alma, farol del pensamiento, porque fue generada por el mejor silencio.
 
Hamlet Lima Quintana

domingo, 23 de octubre de 2011

Las Palabras


Y voy volando en ellas, y hasta me enciendo en ellas todavía. Las toco, las huelo, las beso a las palabras, las descubro y son mías.

Gonzalo Rojas.

lunes, 10 de octubre de 2011

Mientras escribo - Fragmentos

Escribir es seducir.
El secreto es practicar mucho. Hay que aprender a oír el ritmo.
No es que la extensión y el peso sean una garantía de calidad, porque hay muchos relatos épicos que son una mierda (mierda épica, eso sí).
Las palabras crean frases, las frases párrafos, y a veces los párrafos se aceleran y cobran respiración propia.

Stephen King.

domingo, 9 de octubre de 2011

Cuando todo está dicho (entre nosotros)


Cuando todo está dicho, lo que queda por decir es el desastre, ruina de habla, desfallecimiento por la escritura, rumor que murmura, lo que queda sin sobra (lo fragmentario).
 
Maurice Blanchot - La escritura del desastre

La ladrona de libros - Fragmento





He odiado las palabras y las he amado, y espero haber estado a su altura.

Markus Zusak.