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jueves, 13 de febrero de 2014

Cómo descubrir un secreto

Ángel - Vitreaux de Fabiana Díaz - Muestra veinte13
Complejo Cultural Santa Cruz
No sé si de veras descubrí alguna vez el secreto de Sturgeon. Resulta bastante difícil cortar el gas hilarante con un bisturí. El ingenio y la espontaneidad son demasiado evasivos, materiales brillantes y gaseosos que pronto estallan y se esfuman. Levantas la mano para señalar un latido de fuegos artificiales en el cielo de verano, gritas "¡Mira!" y bajas la mano porque, mientras intentabas tocar la maravilla, la maravilla se desvaneció.
 
Ray Bradbury - Fragmento del prólogo a Without Sorcery de Théodore Sturgeon, 1948

sábado, 25 de enero de 2014

Usher II - Fragmento

"Durante todo un día de otoño, triste, oscuro y  silencioso, cuando las nubes se cernían bajas y pesadas en el cielo, crucé solo, a caballo, una región singularmente lúgubre del país y, de pronto, al acercarse las sombras de la noche, me encontré delante de la melancólica Casa Usher." (La caída de la casa de Usher, Edgar Allan Poe)
Fotograma de La caída de la Casa Usher - 1928
Ambientemos la historia: Agosto de 1999, La Segunda Expedición aterriza en Marte. Agosto de 2001, los primeros colonos llegan de la Tierra. Abril de 2005, William Stendahl concluye al fin La Casa Usher.
 
¿El nombre de Usher no significa nada para usted?
- Nada.
- Bueno, ¿y este nombre: Edgar Allan Poe?
El señor Bigelow meneó la cabeza.
- Por supuesto - gruñó delicadamente el señor Stendahl, con desaliento y desprecio a la vez - ¿Cómo pude pensar que conoce al bendito señor Poe? Murió hace mucho tiempo, antes que Lincoln. Quemaron todos sus libros en la Gran Hoguera. Hace ya treinta años.
- Ah - dijo juiciosamente el señor Bigelow - Uno de aquellos.
- Sí, Bigelow, uno de aquellos. Allí ardieron Poe y Lovecraft y Hawthorne y Ambrose Bierce, y todos los cuentos de miedo, de fantasía y de horror y con ellos los cuentos del futuro. Implacablemente. Se dictó una ley, no era casi nada al principio. Mil novecientos cincuenta y mil novecientos sesenta. Primero censuraron las revistas de historietas, las novelas policiales y por supuesto las películas siempre en nombre de algo distinto: las pasiones políticas, los prejuicios religiosos, los intereses profesionales. Siempre había una minoría que tenía miedo de algo y una gran mayoría que tenía miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de las sombras de ellos mismos.

...Y quemaron los castillos de papel y los sapos encantados y a los viejos reyes y a todos los que "fueron eternamente felices" pues estaba demostrado que nadie fue eternamente feliz, y el HABÍA UNA VEZ se convirtió en NO HAY MÁS...

Ray Bradbury - Crónicas marcianas, 1950

domingo, 8 de diciembre de 2013

La sirena

...Hasta que el tiempo y los tiempos
acaben las plateadas manzanas de la luna,
las doradas manzanas del sol.

W. B. Yeats

— Un día, hace muchos años vino un hombre y escuchó el sonido del océano en la costa fría y sin sol y dijo: «Necesitamos una voz que llame sobre las aguas, que advierta a los barcos; yo haré esa voz. Haré una voz que será como todo el tiempo y toda la niebla; una voz como una cama vacía junto a tí toda la noche y como una casa vacía cuando abres la puerta y como otoñales árboles desnudos. Un sonido de pájaros que vuelan hacia el sur, gritando, y un sonido de viento de noviembre y el mar en la costa dura y fría. Haré un sonido tan desolado que alcanzará a todos y al oírlo gemirán las almas y los hogares parecerán más tibios y en las distantes ciudades todos pensarán que es bueno estar en casa. Haré un sonido y un aparato y lo llamarán la sirena y quienes lo oigan conocerán la tristeza de la eternidad y la brevedad de la vida».

Ray Bradbury - Las doradas manzanas del sol

domingo, 23 de septiembre de 2012

El hombre ilustrado - Fragmento

(Del muro de Enrique Vellio)

Era una acumulación de cohetes y fuentes y personas, dibujados y coloreados con tanta minuciosidad que uno creía oír las voces y los murmullos apagados de las multitudes que habitaban su cuerpo. Cuando la carne se estremecía, las pequeñas manos rosadas gesticulaban, los labios menudos se movían, los ojos verdes y dorados cerraban los párpados. Había prados amarillos y ríos azules, y montañas y estrellas y soles y planetas, extendidos por su pecho como una vía láctea. Los rostros se dividían en veinte o más grupos, instalados en los brazos, los hombros, las espaldas, los costados, las muñecas y la parte alta del vientre. Se los veía en bosques de vello, escondidos en una constelación de pecas, o hundidos en las cavernas de las axilas, con ojos resplandecientes como diamantes...

Bradbury.

lunes, 16 de julio de 2012

domingo, 18 de septiembre de 2011

De Ray Bradbury



¡Eh -gritó Will-, la gente corre como si ya hubiera llegado la Tormenta!

¡Llegó - gritó Jim-, la tormenta somos nosotros!