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jueves, 26 de diciembre de 2013

En el culo del mundo

Porque siempre he estado aislado, Sofia, durante la escuela, el instituto, la facultad, el hospital, el matrimonio, aislado, aislado con mis libros demasiado leídos y mis poemas pretenciosos y vulgares, el ansia de escribir y el tormento de no ser capaz, de no lograr traducir en palabras lo que deseaba gritar al oído de los otros y que era "Estoy aquí, miradme que estoy aquí, oídme hasta en mi silencio y comprended", pero no se puede comprender, Sofia, lo que no se dice, las personas miran, no entienden, se marchan, conversan unas con otras lejos de nosotros, olvidadas de nosotros, y nos sentimos como las playas en octubre, deshabitadas de pies, que el mar asalta y deja en el balanceo inerte de un brazo desmayado. Siempre he estado solo, Sofia...

António Lobo Antunes - 1979

martes, 17 de septiembre de 2013

La lentitud de los bueyes

Inútil es volver a los lugares olvidados y perdidos, a los paisajes y símbolos sin dueño.
No hay allí ya liturgias milenarias. Ni aceite fermentado en ánforas de barro.Los ancianos han muerto. Los animales vagan bajo la lluvia negra.No hay allí sino la lenta elipsis del río de los muertos, la mansedumbre helada del muérdago cortado, de los paisajes abrasados por el tiempo.

Julio Llamazares

lunes, 19 de agosto de 2013

Poemas de fragmentación

Yo no quería ganar solo quería jugar, pero ellos convirtieron el juego en lucha y aprendí a tener miedo a perder. Yo no quería decir solo quería cantar, pero ellos vieron en la palabra espada y mi voz comenzó a crecer. Yo no quería preguntar solo quería escuchar, pero hallaron en mi silencio ofensa y callaron. Y un día encontré que solo yo había jugado para ganar, que solo yo me había hecho escuchar, que solo yo callaba mi silencio en los demás y comprendí que era yo quien no entendía.

Miguel Iracubo

domingo, 18 de agosto de 2013

Ella, que todo lo tuvo

Pocas personas superan la prueba más grande que se le impone al ser humano: la soledad de la existencia. No conozco ningún tipo de medicamento para ello. Nos amparamos en los demás para paliarla,en falsas alegrías y festejos para acallarla, porque no hay peor ruido que un gran silencio.

Ángela Becerra Torrado

domingo, 4 de agosto de 2013

Cuando llueve en domingo


Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón

y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,

no esperes ni hablar contigo mismo.
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.
 El libro sostenido, el poema al caer...

Vladimír
Holan

lunes, 26 de noviembre de 2012

Dejadme solo


Dejadme solo, aquí espero,
mi propio rastro retornará encendido,
quizás allí volveré a ser yo mismo,
iluminando los besos diluidos en el olvido,
los astros apagados en el recuerdo,
los pájaros agotados en su vuelo.
Dejadme solo, completamente solo,
frente al espejo delator de mi susurro.
La soledad escudriña el fondo,
siempre llega a remover la tierra muda,
siempre hinca con su cuchillo el alma,
entonces uno mira su extensión,
ve lo que sus ojos vieron de soslayo,
siente lo que su cuerpo negó al futuro,
canta humillado en alguna esquina,
se reconforta, retoña como un árbol,
mira con más entusiasmo los caminos,
para que la pudrición no contamine los sentidos.

Javier Villegas - Desciframiento del tiempo

domingo, 23 de septiembre de 2012

A veces un oscuro animal se apodera de mí

La gente anda sola y cojea. Así, por la mañana se enamora hasta el más tonto de todos, el que nunca sabrá nada de sí mismo. Esta mañana, cada mañana, mañana, habremos llegado donde haya que llegar, sin amor, con amor, solos. Habrá que llegar, sin amor, con amor, solos. Habrá que llegar, acompañados o no. Habrá que llegar, sin trayectoria, sin destino, sin horizonte donde poner los ojos. Habrá que llegar, sin libros por leer, sin un cuerpo del que se pueda esperar una hermosa sorpresa, sin destino andando por andar, viviendo por vivir, sin casa. Habrá que llegar a algún lugar, desnudo frente a un océano que te arrastra hasta no ser sino su espuma.
Y así asaltado por las olas de septiembre, esta mañana, has mirado hacia atrás. No te tengo piedad pasado mío y te dejo morir, como una vieja ballena que se suicida en las playas del tiempo.

Dionisio Cañas, extraído de su libro Corazón de perro.

(La imagen que acompaña: Collage 2 de Soledad Olivera Avellaneda)

Tratando de escapar del día

Es martes y no hace frío, estoy acompañado por paredes carcomidas que simulan rostros y por pisos de madera y por el viento angustiado que sopla afuera y por el sonido del papel como un leve grito. Estamos expuestos al sol y a la tristeza y a la muerte y sólo tenemos botellas vacías y el mundo está sucio y la ciudad ha enloquecido y no sabemos si culpar al sol o al mar.
Llegamos demasiado pronto a una edad no conveniente y la poesia no tiene nada que ver con nosotros. Ojos encendidos como brasas, manos asustadas como peces, cuerpos clausurados .
Mientras hago falsos mapas de viaje mis pies van dibujando lineas a través del polvo y yo trato de escapar de la miseria de este día...

Eric Leunam

(El cuadro que acompaña es La ciudad, de la serie Urbanas visiones de Jorge Marcolini)

domingo, 16 de septiembre de 2012

A la deriva

Le parecía que la soledad tenía sus cosas buenas y que rumiar sus propios recuerdos y contarse sandeces a sí mismo no dejaba de ser mejor que la compañía de gente con quien no compartía ni ideas ni gustos; su deseo de acercamiento, de rozar el codo del vecino, se desvaneció y una vez más se repitió la triste verdad: una vez que desaparecen los viejos amigos, hay que hacerse a la idea de no volver a buscar otros, de vivir aparte, de acostumbrarse a la soledad.

Joris-Karl Huysmans

jueves, 13 de septiembre de 2012

La nada tan vital


No es buen puerto compañero
ese el de la soledad.
Uno siempre espera siempre
dejar solo de esperar,
y una lluvia permanente
tiñe toda irrealidad.

Esta historia no es reciente
llevan siglos sin hablar
y caminan por las calles
como si algo va a pasar.

Pero siguen, siguen muertos
digo, vivos sin verdad
y se encuentran en los puertos
de la nada tan vital.

Alan Grinkraut

domingo, 5 de agosto de 2012

Avec le temps


Con el tiempo...
con el tiempo se va, todo se va
se olvidan las pasiones y se olvidan las voces
de aquéllas personas que te decían bajito
las palabras: "no vuelvas tarde"
Con el tiempo...
con el tiempo se va, todo se va
y uno se siente envejecido como un caballo rendido
y uno se siente helado en un lecho de azar
y uno se siente absolutamente solo quizá, pero tranquilo
y uno se siente confuso por los años perdidos -entonces-,
verdaderamente con el tiempo uno no ama más.

Léo Ferré

lunes, 9 de julio de 2012

Donde habite el olvido

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla, ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.


Cernuda

domingo, 24 de junio de 2012

Habitación que oscureció



No buscaré ¿para qué?
si mi sol rompió.
Hoy no es hoy,
es ayer y nunca más.

Y cada vez estoy peor.
Mi único mal soy yo.

Taura - Huésped (2008)

domingo, 20 de mayo de 2012

Para no dejar de morir

Hoy me vino la desgana,
de no hablar de nada.
Me vino la apatía por el mundo,
la extraña enfermedad de la locura
hoy ya no quiero saludar al vecino,
ni darle la mano a un desconocido.

Hoy simplemente quiero
sacarle la lengua al mundo.
Reírme a carcajadas de este circo
que solemos llamar sociedad.

Quiero encerrarme, ensimismarme,
quiero dormir y ser solo un sueño,
dejar de ser sombra de mi mismo,
dejar de existir, de estar realmente aquí.

No quiero dejar huellas
en este mundo desconocido,
quiero olvidarme de los que fueron,
borrar de la memoria a aquellos que quiero,
para no sufrir, para no llorar,
para dejar de enfrentarme a mi mismo
en esta realidad marchita.

Para dejar de existir,
para no dejar de morir…

David Vazquez

domingo, 18 de marzo de 2012

La tentación del fracaso

¿Por qué estaré tan decepcionado? Sin dinero, sin éxito, sin amores, mis días van cayendo como las hojas de un árbol. Rodeado de oscuridad, de cenizas hoy me siento incapaz de todo. Una pereza moral irresistible. Sólo ansío viajar. Cambiar de panorama. Irme donde nadie me conozca. Aquí ya soy definitivamente como han querido que sea. Conforme me aleje irán cayendo mis vestiduras, mis etiquetas y quedaré limpio, desnudo, para empezar a ser distinto, como yo quisiera ser. Pero ¿adónde ir? Si llevo dentro de mí el germen de todo mi destino, ¿para qué hacer rodar por todos los paisajes, como un circo ambulante, el espectáculo de una vida equivocada?

Julio Ramón Ribeyro

lunes, 16 de enero de 2012

Tu rostro mañana - Fiebre y Lanza

¿Qué mayor desgracia para mí que recordar tu nombre? ¿O reconocer tu rostro mañana?
(Enrique IV, segunda parte, acto II, escena II)

No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido.

Hablan los libros en mitad de la noche como habla el río, con sosiego o desgana o la desgana la pone uno con su propia fatiga y su propio sonambulismo y sus sueños, aunque esté o se crea muy despierto.

Javier Marías.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Nocturno

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. ¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos? Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes. A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón. Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.

Oliverio Girondo

lunes, 21 de noviembre de 2011

Marzo - Fragmento

En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.
La sal que dejaron
las olas
de los días al derrumbarse.
 
José Hierro.