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Nos mudamos de espacio. Enlace permanente a nuestro espacio menor.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Sombras de los días por venir

Mañana,
me vestirán con cenizas al alba,
me llenarán la boca de flores,
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro,
en la respiración
de un animal que sueña.

Alejandra Pizarnik

El laberinto del fauno

Cuentan que hace mucho, mucho tiempo, en el reino subterráneo donde no existe la mentira ni el dolor, vivía una princesa que soñaba con el mundo de los humanos. Soñaba con el cielo azul, la brisa suave y el brillante sol. Un día, burlando toda vigilancia, la princesa escapó. Una vez en el exterior, la luz del sol la cegó y borró de su memoria cualquier indicio del pasado. La princesa olvidó quién era, de dónde venía. Su cuerpo sufrió frío, enfermedad y dolor. Y al correr de los años, murió. Sin embargo su padre, el rey, sabía que el alma de la princesa regresaría, quizás en otro cuerpo, en otro tiempo y en otro lugar, y él la esperaría hasta su último aliento, hasta que el mundo dejara de girar...

Julio - 1976

Yo creo que no se puede leer escuchando música porque eso supone un doble desprecio o un desprecio unilateral, o se desprecia la música o se desprecia lo que se está leyendo. La música es un arte tan absoluto, tan total como la literatura y el músico exige que se le escuche ""full time" lo mismo que cualquiera de nosotros cuando escribimos. Personalmente me apenaría, me decepcionaría enterarme de que alguien a quien estimo intelectualmente ha leído un libro de cuentos mío al mismo tiempo que estaba escuchando una fuga de Bach o una ópera de Brecht. En cambio puedo sí, leer mientras espero en un aeropuerto o a alguien en un café porque ésos son los vacíos, los tiempos huecos que uno no ha buscado por sí mismo sino que los horarios de la vida, digamos, te condenan de golpe a media hora de espera y entonces tener un libro en el bolsillo y concentrarse en él en ese momento por un lado anula el tiempo del reloj y por otro lado te crea una sensación de plenitud. 

Julio (Entrevista realizada por Sara Castro-Klaren en Francia)

Nada

Si aquella noche -pensaba yo- se hubiera acabado el mundo, o se hubiera muerto uno de ellos, su historia hubiera quedado completamente cerrada y bella como un círculo. Así suele suceder en las novelas, en las películas, pero en la vida… Me estaba dando cuenta yo, por primera vez, de que todo sigue, se hace gris, se arruina viviendo. De que no hay final en nuestra historia hasta que llega la muerte y el cuerpo se deshace.

Me parecía que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino cerrado de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él. Imposible libertarme.

Carmen Laforet - 1944

Eres un buen momento para morirme

Detalle de El Beso de Gustav Klimt
Amaneciendo y anocheciendo a un mismo tiempo, cariño, ¿no es ésta la forma en que te gustaría vivir? En mi cabeza hay un álbum de fotos amarillentas y lo voy completando con mis ojos, con los más leves ruidos, atrapando olores en el aire y en cada sueño que sueño. ¿Sabes una cosa, pequeña? La última página de mi álbum tiene tu boca lluviosa mordiéndome un labio, un disco de rock´n´roll y calcetines de colores. Mis ojos han sido rápidos, te he hecho el amor con la ropa puesta a través de una larga pajita dorada mientras cruzabas la calle con el cabello ardiendo. Pero ahora son tus pies quienes dan mis pasos, así que no te equivoques pues me caería. Te bebo en cada vaso de agua que sacia mi sed, mis palabras son claras como niños pequeños o espesas como semen empapando cortinas, pero hoy tengo que inventar un nuevo idioma para conversar con tus tiernos maullidos eléctricos y los gritos de euforia de la gente que vive en tu cabeza. Debes saber que a veces soy como un entierro interminable, siempre triste y azul subiendo y bajando por la misma calle. Pero otras veces soy un río de risa corriéndome por toda la ribera, haciendo el amor a la mar, una felicidad contagiosa, un revólver de amor, nena, y voy a disparar justo a tu corazón ¡bang bang! ¿te di? Quiero arrollarte, enrollarte y arrullarte, montaña de aguardiente y tarde rojiza. Eres un buen momento para morirme.

Félix Francisco Casanova

El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin) de Wim Wenders

Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando, quería que el arroyo fuera un río, que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar. Cuando el niño era niño no sabía que era niño, para él todo estaba animado y todas las almas eran una. Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada, no tenía ninguna costumbre, se sentaba en cuclillas, tenía un remolino en el cabello y no ponía caras cuando lo fotografiaban. Cuando el niño era niño era el tiempo de preguntas como: ¿Por qué yo soy yo y por qué no tú? ¿Por qué estoy aquí y por qué no allí? ¿Cuando empezó el tiempo y dónde termina el espacio? ¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño? Lo que veo y oigo y huelo ¿no es sólo la apariencia de un mundo ante el mundo? ¿Existe de verdad el mal y gente que realmente son malos? ¿Cómo puede ser que yo, el que soy, no fuera antes de devenir, y que un día yo, el que yo soy, no sea más ese que soy? Cuando el niño era niño le costaba tragar las espinacas, los arvejas, el arroz con leche y la coliflor al vapor y ahora come todo, no sólo por necesidad. Cuando el niño era niño alguna vez despertó en una cama extraña y ahora lo hace seguido. Muchas personas le parecían bellas y ahora sólo en ocasiones con suerte. Imaginaba claramente el paraíso y ahora como mucho lo adivina. No podía pensar en la nada y hoy se estremece ante ella. Cuando el niño era niño jugaba entusiasmado y ahora se concentra como antes sólo si se trata de su trabajo. Cuando el niño era niño las manzanas y el pan le bastaban de alimento  y todavía es así. Cuando el niño era niño las moras le caían en la mano como sólo caen las moras  y asi es todavía; las nueces frescas le ponían áspera la lengua y así es todavía; encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta y en cada ciudad el anhelo de una ciudad aun más grande y siempre es así todavía. En la copa del árbol tiraba de las cerezas con igual deleite lo hace hoy todavía; se asustaba de los extraños como todavía se asusta; esperaba las primeras nieves y todavía las espera. Cuando el niño era niño lanzó un palo como una lanza contra el árbol y hoy vibra así todavía.

Poema escrito por Peter Handke para esta películade 1987, conocida también como Las alas del deseo.

Ojos de caballo

Casa para inundación  - Lucila Gradin, 2010
Nosotros somos pobres. Los pobres son como las víboras, que se esconden cuando viene el perro y salen a morder cuando no tienen más remedio y enseguida se vuelven a esconder. Antes de los milicos estaban los blancos y los colorados, después vinieron los comunistas y los milicos y no sé quién más. Pero eso no importa, porque sea quien sea el que esté arriba, nosotros siempre vamos a ser pobres y nos vamos a estar arrastrando.

Henry Trujillo

El caballo de la calesita - fragmento

Os contaré una historia maravillosa y cierta.
Una tarde (el crepúsculo lentamente caía)
se me llenó la boca de soledad. Desierta
era mi sangre. Mi alma ni un pájaro tenía.
 
Caminaba. A lo lejos se oían los violines
que el crepúsculo toca para verme más triste.
Mi alma se vestía de lentos adoquines.
Mi alma en la soledad no se desviste.
 
Iba sin una luz, sin una rosa.
Sin un poco de mar, sin un amigo.
Me vio el caballo de la calesita, 
me vió tan solo que se fue conmigo.
 
Y ahora en mi corazón y desde entonces,
transitado de niños y de risas,
prisionero en mi música voltea,
gira el caballo de la calesita.
(Tiene el ojo pintado.
Su corazón es de madera limpia)
 
Juan Gelman

La sirena

...Hasta que el tiempo y los tiempos
acaben las plateadas manzanas de la luna,
las doradas manzanas del sol.

W. B. Yeats

— Un día, hace muchos años vino un hombre y escuchó el sonido del océano en la costa fría y sin sol y dijo: «Necesitamos una voz que llame sobre las aguas, que advierta a los barcos; yo haré esa voz. Haré una voz que será como todo el tiempo y toda la niebla; una voz como una cama vacía junto a tí toda la noche y como una casa vacía cuando abres la puerta y como otoñales árboles desnudos. Un sonido de pájaros que vuelan hacia el sur, gritando, y un sonido de viento de noviembre y el mar en la costa dura y fría. Haré un sonido tan desolado que alcanzará a todos y al oírlo gemirán las almas y los hogares parecerán más tibios y en las distantes ciudades todos pensarán que es bueno estar en casa. Haré un sonido y un aparato y lo llamarán la sirena y quienes lo oigan conocerán la tristeza de la eternidad y la brevedad de la vida».

Ray Bradbury - Las doradas manzanas del sol

jueves, 5 de diciembre de 2013

Blow - Fragmento

Que los vientos te empujen siempre hacia delante
Y el sol te dé en la cara.
Y las alas del destino te lleven alto,
para así, poder bailar con las estrellas…

George Jung en 2001
En fin, pensándolo bien ¿ha valido la pena? Cómo ha cambiado irremediablemente mi vida. Siempre es el último día de verano y me he quedado afuera en el frío sin una puerta para volver a entrar. He tenido más momentos intensos de los que por derecho me corresponderían. Para muchos la vida les pasa de largo mientras hacen grandes planes. A lo largo de mi vida he dejado pedazos de mi corazón aquí y allí y ahora apenas me queda el suficiente para seguir viviendo, pero fuerzo una sonrisa sabiendo que mi ambición sobrepasaba en mucho a mi talento. Ya no hay caballos blancos, ni mujeres hermosas en mi puerta.

La vuelta de Martín Fierro

Y no piensen los oyentes
Que del saber hago alarde
He conocido aunque tarde
Sin haberme arrepentido
Que es pecado cometido
El decir ciertas verdades.

Pero voy en mi camino
Y nada me ladiará
He de decir la verdá
De naides soy adulón
Aquí no hay imitación
Esta es pura realidá.

Y el que me quiera enmendar
Mucho tiene que saber
Tiene mucho que aprender
El que me sepa escuchar
Tiene mucho que rumiar
El que me quiera entender.
 
José Hernandez
Portada de la primera edición
de La vuelta de Martín Fierro - 1879

Opio en las nubes - Fragmento

Amarilla y Pink Tomate
Ilustración de Darwin Pizarro - 2013
En el fondo todo lógica es solitaria y sobre todo la de los gatos. En realidad un gato no vive su propia vida. Un gato vive la vida de la ciudad. La lógica del gato es de la calle, de la sangre, de la basura, y la mierda trip trip trip. Una lógica jodida, puta mierda. Para ser gato hay primero que comprender la lógica de los arboles, que si es un árbol triste o un árbol alegre, que si es un árbol donde se mean los perros o se besan un hombre y una mujer. De todos modos es asunto complejo La lógica, mi lógica, la de Pink Tomate es salir en las noches y decir mierda el mundo lo hago yo, soy yo el rey de la noche, yo puedo andar por encima de toda la mierda de las calles y al mismo tiempo comer mierda. Mi lógica es vagabundear por los techos y decir trip trip trip soy el dueño de mi pequeña soledad alquilada, qué cosa tan seria, es sentir la lluvia en mi rostro, es ser lluvia, ser la desolación, se el viento nocturno, ser la contaminación, ser una botella de whisky, ser las nueve de la noche, ser un árbol, un pez, un plato de arroz, el humo azul de un cigarrillo, ser el olor de esas mujeres que van a los bares y dicen vamos o no vamos, ser su boca, sus dientes, sus nalgas, sus manos trip trip trip, vamos o no vamos.

martes, 3 de diciembre de 2013

Poética

Óleo de Martín Lanezán
Dí la verdad 
dí al menos tu verdad 
y después deja que cualquier cosa ocurra
que te rompan la página querida
que te tumben a pedradas la puerta
que la gente se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras un prodigio o un muerto.

Heberto Padilla

Soledad dulce soledad

La literatura es esencialmente soledad. Se escribe en soledad, se lee en soledad y pese a todo el acto de lectura permite una comunicación profunda entre dos seres humanos.

Paul Auster

Para que yo me llame Ángel González

Para que yo me llame Ángel González
para que mi ser pese sobre el suelo
fue necesario un ancho espacio 
y un largo tiempo
hombres de todo el mar y toda tierra
fértiles vientres de mujer y cuerpos
y más cuerpos fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos
yo no soy más que el resultado, el fruto
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí, tan sólo esto
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento.

Ángel González - Áspero mundo - 1956