Benedetti, Mario
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domingo, 10 de febrero de 2013
Preguntas al azar
Benedetti, Mario
Ideario
Me da vértigo el punto muerto y la marcha atrás
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas,
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida,
los cambios de sentido,
las señales de stop,
y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que estas hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los Dioses bajados del Olimpo
a conquistar la tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer,
y los que son simples marionetas.
Me aplasta la hermosura de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barra,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y la falta de estilo,
el paso obligatorio,
las tardes de domingo y hasta la linea recta.
Me enervan los que no tienen dudas,
y aquellos que se aferran a sus ideales
sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto trafico
y tanto sin sentido.
Parado frente al mar mientras el mundo gira...
Francisco M. Ortega
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas,
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida,
los cambios de sentido,
las señales de stop,
y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que estas hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los Dioses bajados del Olimpo
a conquistar la tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer,
y los que son simples marionetas.
Me aplasta la hermosura de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barra,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y la falta de estilo,
el paso obligatorio,
las tardes de domingo y hasta la linea recta.
Me enervan los que no tienen dudas,
y aquellos que se aferran a sus ideales
sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto trafico
y tanto sin sentido.
Parado frente al mar mientras el mundo gira...
Francisco M. Ortega
Dinosaurios
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Y cuando despertó, el dinosaurio seguía allí. Rondaba tras la ventana tal y como sucedía en el sueño. Ya había arrasado con toda la ciudad, menos con la casa del hombre que recién despertaba entre maravillado y asustado. ¿Cómo podía esa enorme bestia destruir el hogar de su creador, de la persona que le había dado una existencia concreta? La criatura no estaba conforme con la realidad en la que estaba, prefería su hábitat natural: las películas, las láminas de enciclopedias, los museos... Prefería ese reino donde los demás contemplaban y él se dejaba estar, ser, soñar. Y cuando el dinosaurio despertó, el hombre ya no seguía allí.
(El dinosaurio, Marcelo Báez)
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
-Ah, es una delicia -me respondió- lo estoy leyendo.
(La culta dama, José de la Colina)
(El dinosaurio, Augusto Monterroso)
Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí,
inventando a la carrera el resto del mundo.
(Otro dinosaurio, Eduardo Berti)
Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.
(El dinosaurio, Pablo Urbanyi)
Cuando despertó, el dinosaurio le dijo: "Buenos días".
(El dinosaurio educado, Fabián Vique)
Cada soñador (¿o habría que decir durmiente?) tiene su dinosaurio,
aunque lo común es que no lo encuentre al despertar. Soñadores impacientes despiertan
siempre antes de que sus dinosaurios lleguen y dinosaurios impacientes se van
antes de que sus soñadores despierten. Lo admirable del cuento de Monterroso consiste
en presentar el único caso en el que el tiempo del soñador coincidió con la
paciencia del dinosaurio y la impaciencia de un considerable número de
lectores.
(Los dinosaurios, el dinosaurio, Raúl Brasca)
Y cuando despertó, el dinosaurio seguía allí. Rondaba tras la ventana tal y como sucedía en el sueño. Ya había arrasado con toda la ciudad, menos con la casa del hombre que recién despertaba entre maravillado y asustado. ¿Cómo podía esa enorme bestia destruir el hogar de su creador, de la persona que le había dado una existencia concreta? La criatura no estaba conforme con la realidad en la que estaba, prefería su hábitat natural: las películas, las láminas de enciclopedias, los museos... Prefería ese reino donde los demás contemplaban y él se dejaba estar, ser, soñar. Y cuando el dinosaurio despertó, el hombre ya no seguía allí.
(El dinosaurio, Marcelo Báez)
Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
-Ah, es una delicia -me respondió- lo estoy leyendo.
(La culta dama, José de la Colina)
domingo, 3 de febrero de 2013
Lugares comunes
No sé si hay una historia o si esto será un diario o un cuaderno de notas. Sé que hay desorden, decepción, desconcierto. Hay un país que nos destruye, un mundo que nos expulsa. Un asesino difuso que nos mata día a día sin que nos demos cuenta. No tengo respuesta. Escribo desde el caos en plena oscuridad.
Adolfo Aristarain
Los jingles de la soledad
Hubo alguna vez en que alguien se tocó los ojos y supo que no era un tiempo de lágrimas. Después, fueron varios los que entonaron su balada, sin apuro. Y en la ciudad hubo momentos que la tristeza no logró conquistar.
Miguel Grinberg - Cómo vino la mano (sobre los orígenes del rock nacional)
Loca ella y loco yo
Nos sale a saludar la gente linda
y loco pero tuyo, qué sé yo
provoco campanarios con la risa
y al fin te miro y canto a media voz...
y loco pero tuyo, qué sé yo
provoco campanarios con la risa
y al fin te miro y canto a media voz...
Quereme así piantao piantao piantao
trepate a esta ternura de locos que hay en mí
ponete esta peluca de alondras y volá
volá conmigo ya, vení volá vení.
trepate a esta ternura de locos que hay en mí
ponete esta peluca de alondras y volá
volá conmigo ya, vení volá vení.
domingo, 20 de enero de 2013
En esta noche en este mundo
más prescindible
el que no sirva
ni para ser inservible
ayúdame a escribir palabras
en esta noche en este mundo.
8 de octubre de 1971
Alejandra - Textos de sombra y últimos poemas
Itaca
Konstandinos Kavafis
Cioran, entre el silencio y la palabra
domingo, 2 de diciembre de 2012
Tiempo sin tiempo
Preciso
tiempo necesito ese tiempo
que otros
dejan abandonado
porque les
sobra o ya no saben
qué hacer
con él
tiempo en blanco
en rojo
en verde
hasta en
castaño oscuro
no me
importa el color
cándido tiempo
que yo pueda
abrir y cerrar
como una
puerta
tiempo para
mirar un árbol un farol
para andar
por el filo del descanso
para pensar
qué bien hoy no es invierno
para morir
un poco
y nacer
enseguida
y para darme
cuenta
y para darme
cuerda
preciso
tiempo el necesario para
chapotear
unas horas en la vida
y para
investigar por qué estoy triste
y
acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para
esconderme en el canto de un gallo
y para
reaparecer en un relincho
y para estar
al día
para estar a
la noche
tiempo sin
recato y sin reloj
vale decir
preciso
o sea
necesito
digamos me
hace falta
tiempo sin
tiempo.
El poema y el lector
Cada poema
es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada
lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba
dentro.
Octavio Paz
Octavio Paz
A estos hombres tristes
Epitafio
Tengo decidido el epitafio que llevará mi tumba, es sencillo y además certero. Dirá: “Se equivocó en todo”
Guillermo Fadanelli - Dios siempre se equivoca
Culminación del dolor
que la oigo en mi reloj,
se vuelve pomos en la cómoda
se vuelve papel sobre el suelo
se vuelve calzador
tickets de lavandería
se vuelve humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas.
Poco importa
poco amor o poca vida
no es tan malo, lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso.
Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.
Bukowski.
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