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domingo, 10 de febrero de 2013

Preguntas al azar

 
¿Por qué estás en la noche agazapado? ¿contra quién? ¿por qué sos una ausencia tan endeble? ¿por qué estás desvelado y el silencio te encrespa? ¿estás huyendo de algo? ¿de alguien? ¿de vos mismo? ¿de los ojos que viste y no te vieron y ahora te rastrean? ¿te olvidaste del llanto? ¿del alarido y la puteada? ¿por qué las bóvedas y el viento te espeluznan? ¿por qué te aterran la guadaña y el albur? ¿cuándo vas a buscarte en el espejo? ¿soportarás tu mueca? ¿consentirás tu asco? ¿a dónde irás verdugo si no hay cielo? ¿desde dónde llegaste a este sigilo inquietante? ¿a este enigma sobado? ¿enigma sin pretextos? ¿para quién trabajás ahora que cayó tu anonimato y el olvido profundo no se estila? ¿acaso tu desprecio es un seguro? ¿te encontrarás a salvo dentro de una seguridad tan frágil? ¿a veces te sentís necio en el pánico aunque sepas que nadie va a hacerte lo que hiciste? ¿venís o te estás yendo? ¿hacia dónde? ¿hasta cuándo podrás con los fantasmas? ¿a dónde irás verdugo si no hay cielo? ¿te vencerán las alucinaciones? ¿arrastrarás tu sombra y las sombras ajenas? ¿hasta qué punto callarás soñando bostezarás de odio hibernarás en pesadilla te enredarás en los desdenes? ¿cómo podrás seguir viviendo en la helada tangencia de la muerte? ¿vas a temblar de culpa? ¿o de julepe? ¿pasa el espanto por donde pasabas? ¿te jubilaste de la felonía? ¿te desnudaste de tu desnudez? ¿a dónde irás corsario si no hay mar? ¿a dónde irás verdugo si no hay cielo?

Benedetti, Mario

Ideario

 
Me da vértigo el punto muerto y la marcha atrás
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas,
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida,
los cambios de sentido,
las señales de stop,
y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que estas hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los Dioses bajados del Olimpo
a conquistar la tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer,
y los que son simples marionetas.
Me aplasta la hermosura de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barra,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y la falta de estilo,
el paso obligatorio,
las tardes de domingo y hasta la linea recta.
Me enervan los que no tienen dudas,
y aquellos que se aferran a sus ideales
sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto trafico
y tanto sin sentido.
Parado frente al mar mientras el mundo gira...

Francisco M. Ortega

Dinosaurios

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
(El dinosaurio, Augusto Monterroso)
 
Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.
(Otro dinosaurio, Eduardo Berti)
 
Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí.
(El dinosaurio, Pablo Urbanyi)
 
Cuando despertó, el dinosaurio le dijo: "Buenos días". 
(El dinosaurio educado, Fabián Vique)
 
Cada soñador (¿o habría que decir durmiente?) tiene su dinosaurio, aunque lo común es que no lo encuentre al despertar. Soñadores impacientes despiertan siempre antes de que sus dinosaurios lleguen y dinosaurios impacientes se van antes de que sus soñadores despierten. Lo admirable del cuento de Monterroso consiste en presentar el único caso en el que el tiempo del soñador coincidió con la paciencia del dinosaurio y la impaciencia de un considerable número de lectores.
(Los dinosaurios, el dinosaurio, Raúl Brasca)

Y cuando despertó, el dinosaurio seguía allí. Rondaba tras la ventana tal y como sucedía en el sueño. Ya había arrasado con toda la ciudad, menos con la casa del hombre que recién despertaba entre maravillado y asustado. ¿Cómo podía esa enorme bestia destruir el hogar de su creador, de la persona que le había dado una existencia concreta? La criatura no estaba conforme con la realidad en la que estaba, prefería su hábitat natural: las películas, las láminas de enciclopedias, los museos... Prefería ese reino donde los demás contemplaban y él se dejaba estar, ser, soñar. Y cuando el dinosaurio despertó, el hombre ya no seguía allí.
(El dinosaurio, Marcelo Báez)

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado "El dinosaurio".
-Ah, es una delicia -me respondió- lo estoy leyendo.
(La culta dama, José de la Colina)

domingo, 3 de febrero de 2013


Yo sólo sería feliz en un mundo de

esfinges. Sin palabras. Sólo la música, el

vino, y los ojos más intensos del

universo contemplándome.

Alejandra.

Lugares comunes


No sé si hay una historia o si esto será un diario o un cuaderno de notas. Sé que hay desorden, decepción, desconcierto. Hay un país que nos destruye, un mundo que nos expulsa. Un asesino difuso que nos mata día a día sin que nos demos cuenta. No tengo respuesta. Escribo desde el caos en plena oscuridad.

Adolfo Aristarain

Los jingles de la soledad


Hubo alguna vez en que alguien se tocó los ojos y supo que no era un tiempo de lágrimas. Después, fueron varios los que entonaron su balada, sin apuro. Y en la ciudad hubo momentos que la tristeza no logró conquistar.

Miguel Grinberg - Cómo vino la mano (sobre los orígenes del rock nacional)

Loca ella y loco yo

 
Nos sale a saludar la gente linda
y loco pero tuyo, qué sé yo
provoco campanarios con la risa
y al fin te miro y canto a media voz...

Quereme así piantao piantao piantao
trepate a esta ternura de locos que hay en mí
ponete esta peluca de alondras y volá
volá conmigo ya, vení volá vení.


(de Balada para un loco)

domingo, 20 de enero de 2013

En esta noche en este mundo

 
Ayúdame a escribir el poema
más prescindible
el que no sirva

ni para ser inservible
ayúdame a escribir palabras
en esta noche en este mundo.

8 de octubre de 1971

Alejandra - Textos de sombra y últimos poemas


Itaca


Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguardar a que Ítaca te enriquezca. Ítaca te brindó tan hermoso viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. Pero no tiene ya nada que darte. Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Itacas.

Konstandinos Kavafis

Cioran, entre el silencio y la palabra


La salvación sólo es posible mediante la imitación del silencio. Pero nuestra locuacidad es prenatal. Raza de charlatanes, de espermatozoides verbosos, estamos químicamente ligados a la palabra. 

Cioran

domingo, 2 de diciembre de 2012

Tiempo sin tiempo

 
Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
qué hacer con él
tiempo en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo pueda abrir y cerrar
como una puerta
tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy no es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para esconderme en el canto de un gallo
y para reaparecer en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.

El poema y el lector

Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: Ya lo llevaba dentro.

Octavio Paz

A estos hombres tristes

Si tus pies hoy nacieron viento,
déjalos correr
y si tus manos con las plantas,
déjalas crecer.
Vive de azul, porque azul
no tienes domingos.
Ríete al fin, que llorar
trae tanto frío...


Spinetta

Epitafio


Tengo decidido el epitafio que llevará mi tumba, es sencillo y además certero. Dirá: “Se equivocó en todo”
 
Guillermo Fadanelli - Dios siempre se equivoca

Culminación del dolor

 
...Y la tristeza se hace tan grande
que la oigo en mi reloj,
se vuelve pomos en la cómoda
se vuelve papel sobre el suelo
se vuelve calzador
tickets de lavandería
se vuelve humo de cigarrillo
escalando un templo de oscuras enredaderas.

Poco importa
poco amor o poca vida
no es tan malo, lo que cuenta
es observar las paredes
yo nací para eso.

Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte.

Bukowski.